Abraham
El que salió sin saber a dónde
Un hombre de setenta y cinco años recogió su casa y se puso en camino hacia un país que nadie le había enseñado. De aquella marcha nace todo lo demás: el pueblo de Israel, la promesa, y la palabra «fe» tal como la usa el resto de la Biblia.
Su historia
Abram nació en Ur de los caldeos, una ciudad rica del sur de Mesopotamia, y creció en una casa que servía a otros dioses: lo dice sin rodeos Josué 24:2. Su padre, Taré, sacó a la familia de allí y se detuvo a medio camino, en Harán. Fue en Harán, ya con setenta y cinco años, donde Abram oyó la orden que parte su vida en dos: salir de su tierra, de su parentela y de la casa de su padre hacia un país que se le enseñaría después. No hay mapa, no hay nombre, no hay plazo. Solo la dirección.
Lo que sigue son veinticinco años de espera. Dios le promete descendencia «como las estrellas del cielo» y Sara no consigue quedarse embarazada. En medio, Abraham hace lo que haría cualquiera: buscar atajos. Hace pasar a su mujer por su hermana para salvar el pellejo, primero en Egipto y luego con Abimelec. Acepta el arreglo de Sara y tiene a Ismael con Agar, la sierva egipcia, y con ello abre una herida familiar que la Biblia no disimula. Cuando por fin nace Isaac, Abraham tiene cien años y Sara noventa; el nombre del niño significa «reirá», porque los dos se habían reído cuando se lo anunciaron.
El episodio más duro llega después. Dios le pide el hijo de la promesa en el monte Moriah, y Abraham se levanta de madrugada, parte la leña y sube. El texto no le concede un solo pensamiento en voz alta: solo la pregunta del niño —«¿dónde está el cordero?»— y la respuesta del padre —«Dios se proveerá de cordero»—. El ángel detiene el cuchillo en el último momento. Es la escena que la tradición judía llama «la atadura» y que los cristianos leen mirando otro monte.
Abraham murió a los ciento setenta y cinco años y lo enterraron junto a Sara en la cueva de Macpela, en Hebrón, el único trozo de la tierra prometida que llegó a poseer de verdad: lo compró y pagó por él. No vio la nación, ni la tierra, ni el número de descendientes. Vio un hijo y una cueva. El resto lo dejó abierto.
Momentos clave
- Génesis 12:1-4 — La salida de Harán a los setenta y cinco años, sin destino conocido.
- Génesis 15 — El pacto de las estrellas: la noche en que Dios cuenta con él y él cree.
- Génesis 17 — El cambio de nombre y la señal del pacto para él y para los suyos.
- Génesis 18:1-15 — Los tres visitantes bajo la encina de Mamre y la risa de Sara.
- Génesis 18:22-33 — El regateo por Sodoma: de cincuenta justos a diez.
- Génesis 22 — El monte Moriah y el cordero que aparece trabado en un zarzal.
- Génesis 23 — La compra de la cueva de Macpela, su única propiedad en la tierra prometida.
Qué enseña
Abraham es el hombre por el que la Biblia define la fe, y conviene fijarse en qué significa ahí esa palabra. No es certeza ni entusiasmo: es ponerse a andar. Hebreos lo resume sin adornos —«salió sin saber dónde iba»— y Génesis 15:6 lo da por zanjado: creyó, y eso le fue contado por justicia. Pablo construirá sobre ese versículo medio Nuevo Testamento, y Santiago lo matizará recordando que aquella fe también subió un monte.
Lo segundo que enseña es que el relato no lo maquilla. Miente dos veces sobre su mujer, se impacienta, deja marchar a Agar y a su hijo al desierto. La Biblia lo cuenta todo y sigue llamándolo amigo de Dios. Esa es, quizá, la parte más útil de su historia: la promesa no dependía de que él fuese impecable.
Pasajes para leer
Los textos citados son de la Reina-Valera 1909, en dominio público. Toca cualquier referencia para abrir el capítulo entero.
- Génesis 12:1
Empero Jehová había dicho a Abram: Vete de tu tierra y de tu parentela, y de la casa de tu padre, a la tierra que te mostraré;
- Génesis 12:2
Y haré de ti una nación grande, y bendecirte he, y engrandeceré tu nombre, y serás bendición:
- Génesis 15:6
Y creyó a Jehová, y contóselo por justicia.
- Génesis 17:5
Y no se llamará más tu nombre Abram, sino que será tu nombre Abraham, porque te he puesto por padre de muchedumbre de gentes.
- Génesis 22:12
Y dijo: No extiendas tu mano sobre el muchacho, ni le hagas nada; que ya conozco que temes a Dios, pues que no me rehusaste tu hijo, tu único;
- Hebreos 11:8
Por la fe Abraham, siendo llamado, obedeció para salir al lugar que había de recibir por heredad; y salió sin saber dónde iba.
- Romanos 4:3
Porque ¿qué dice la Escritura? Y creyó Abraham a Dios, y le fue atribuído a justicia.
Léelos en su sitio
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