David
El pastor que escribió lo que sentía
El menor de ocho hermanos, el que ni siquiera llamaron cuando vino el profeta. Acabó siendo rey, y sobre todo acabó siendo la voz que presta la Biblia a quien no sabe cómo rezar.
Su historia
Cuando Samuel llega a Belén a ungir al futuro rey, Isaí le presenta siete hijos y se olvida del octavo, que está con las ovejas. Hay que ir a buscarlo. De ahí sale la frase que resume el capítulo entero: el hombre mira lo que está delante de los ojos, Dios mira el corazón. David vuelve al campo y no pasa nada durante un tiempo; lo que lo saca de allí es una guerra parada y un gigante filisteo que lleva cuarenta días desafiando a un ejército entero.
Después del triunfo viene la parte larga y áspera: Saúl, celoso, lo persigue durante años por los montes de Judá. David vive en cuevas, finge locura ante un rey extranjero y manda una tropa de descontentos y endeudados. Dos veces tiene a Saúl a su merced y dos veces lo deja marchar. De esos años salen muchos de los salmos que hoy se leen en los hospitales: escritos a la intemperie, no en el palacio.
Reina siete años en Hebrón y treinta y tres en Jerusalén, que conquista y convierte en capital. Sube el arca a la ciudad bailando delante de ella. Y entonces llega la caída: Betsabé, y la orden de dejar morir a Urías en primera línea para tapar el adulterio. El profeta Natán se planta delante de él con una parábola sobre una oveja y lo desmonta en cinco frases. La respuesta de David —«pequé contra Jehová»— y el Salmo 51 son el motivo por el que su figura no se derrumba: el relato no lo absuelve, pero tampoco lo tira.
Los últimos años los pasa pagando las consecuencias dentro de su propia casa: la violación de Tamar, el asesinato de Amnón, la rebelión y la muerte de Absalón. Muere dejando el trono a Salomón y los planos del templo que no le dejaron construir. La promesa de 2 Samuel 7 —un trono firme para siempre— es la que el Nuevo Testamento recoge cuando llama a Jesús «hijo de David».
Momentos clave
- 1 Samuel 16 — La unción en Belén: el hijo al que nadie llamó.
- 1 Samuel 17 — Goliat, cinco piedras y una honda.
- 1 Samuel 18–26 — La huida de Saúl y los años en cuevas y desiertos.
- 2 Samuel 5–6 — Jerusalén como capital y el arca subiendo entre danzas.
- 2 Samuel 7 — La promesa de una casa y un trono que no se acaban.
- 2 Samuel 11–12 — Betsabé, Urías y la parábola de Natán.
- Salmos 51 — La oración de después: «crea en mí un corazón limpio».
- 2 Samuel 15–18 — La rebelión de Absalón y el llanto de un padre.
Qué enseña
David enseña que la oración no tiene por qué ser educada. En los salmos que llevan su nombre hay júbilo y hay reproche, hay «Jehová es mi pastor» y hay «¿hasta cuándo?». Esa amplitud es la razón de que sigan funcionando tres mil años después: dan palabras a estados de ánimo para los que normalmente no hay ninguna.
Y enseña que el arrepentimiento se mide por lo que se hace cuando te pillan. David no negocia con Natán ni busca un culpable: reconoce y escribe. La Biblia no esconde su peor capítulo —el adulterio y el crimen quedan por escrito para siempre— y aun así lo llama hombre conforme al corazón de Dios. Las dos cosas se sostienen juntas.
Pasajes para leer
Los textos citados son de la Reina-Valera 1909, en dominio público. Toca cualquier referencia para abrir el capítulo entero.
- 1 Samuel 16:7
Porque Jehová mira no lo que el hombre mira; pues que el hombre mira lo que está delante de sus ojos, mas Jehová mira el corazón.
- 1 Samuel 17:45
Entonces dijo David al Filisteo: Tú vienes a mí con espada y lanza y escudo; mas yo vengo a ti en el nombre de Jehová de los ejércitos, el Dios de los escuadrones de Israel, que tú has provocado.
- 2 Samuel 7:16
Y será afirmada tu casa y tu reino para siempre delante de tu rostro; y tu trono será estable eternalmente.
- Salmos 23:1
Jehová es mi pastor; nada me faltará.
- Salmos 51:10
Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio; Y renueva un espíritu recto dentro de mí.
- Hechos 13:22
He hallado a David, hijo de Jessé, varón conforme a mi corazón, el cual hará todo lo que yo quiero.
Léelos en su sitio
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